La Primera Guerra Mundial y El Ambiente de Posguerra

La guerra entre 1914 – 1918, no solo suspende la actividad de los arquitectos y limita la de los pintores, sino que interviene de distintas formas en sus ideas. La guerra trae consigo consecuencias materiales, consecuencias psicológicas y una maduración de la experiencia y teorías artísticas en conexión al conflicto mundial.

Las destrucciones bélicas y el paro de actividades condicionan las alternativas de construcción. Los arquitectos llevan a cabo menos trabajos privados y más por parte del Estado y entes públicos; menos casa aisladas y mas barrios y ordenaciones de conjunto. La importancia del urbanismo crece entonces de forma acelerada.

El uso del hormigón armado se generaliza en la posguerra. La propia guerra acelera el desarrollo técnico en muchos campos, como los transportes y los trabajos metálicos. En los estados vencidos, a las destrucciones bélicas se añade la subversión de los viejos regimenes políticos agravando el malestar económico.

Todos estos hechos se reflejan en el campo cultural; las transformaciones políticas favorecen el desarrollo cultural, puesto que la elite progresista, madurada con anterioridad, se convierte en clase dirigente. La depresión económica y la inflación mezclan de nuevo las antiguas clase, destruyen las costumbres arraigadas en la antigua jerarquía social y favorecen las tendencias innovadoras.

Es en estos Estados, afectados por la guerra donde maduran los más importantes acontecimientos de la nueva cultura. Casi todos los protagonistas del Movimiento Moderno participan en la guerra dejando ininterrumpida su profesión, y de tal manera, esta experiencia es decisiva para muchos.

Gropius declara: “La plena conciencia de mis responsabilidades como arquitecto, fundada en mis propias reflexiones, se determinó en mí, como resultado de la primera guerra mundial, durante la cual mis premisas teóricas tomaron forma por primera vez. Después de aquella violenta sacudida, todo ser pensante tuvo la necesidad de un cambio de frente intelectual. Cada uno, en su campo particular de actividad, deseaba contribuir para llenar el abismo desastroso que se abrió entre la realidad y el ideal.”

 
 
 
 
 
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Weissenhofsiedlung 1927